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74 - Ciencias sociales y desarollo
Conocimiento y política

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El tiempo de lo político
Jan Neverdeen Pieterse, University of Illinois

Profesor de sociología en la Universidad de Illinois, Jan Nederveen Pieterse nos presenta sus reflexiones sobre el estado de las ciencias sociales y los estudios sobre el desarrollo a la luz de un nuevo período en el que la gran potencia está en guerra y el multilateralismo se bate en retirada. Conciliar esta constatación de Realpolitik con los objetivos del desarrollo invita especialmente a suprimir las barreras entre los campos de investigación.

no de los objetivos principales de este número del Courrier de la planète es comprender lo que las ciencias sociales han aportado a los estudios sobre el desarrollo y en qué medida han influido sobre la comprensión del desarrollo. Plantear la cuestión de esta manera nos lleva a separar ciencias sociales y desarrollo en dos campos diferentes, cuando en realidad son interdependientes: estos dos campos de investigación se concentran en el progreso y sus consecuencias.

Las ciencias sociales, que tomaron forma en el siglo XIX, estudian los problemas relacionados con la industrialización, la urbanización, etc., y, al hacerlo, establecen un marco de análisis para las problemáticas del desarrollo.

Así, desarrollo es, antes que nada, una noción propia de los países europeos industrializados en el siglo XIX, aplicada más tarde a las regiones de Europa atrasadas en cuanto al desarrollo y posteriormente a las dependencias coloniales.1 Mucho después de la Segunda Guerra Mundial, el desarrollo se convirtió en un campo de investigación en sí mismo.

Las ciencias sociales y los estudios sobre el desarrollo confluyen en la cuestión de la modernidad. En resumen, las ciencias sociales analizan los problemas relacionados con la modernidad, mientras que los estudios sobre el desarrollo se interrogan sobre los medios para modernizar la sociedad. Así, los grandes pensadores clásicos de la economía política y de las ciencias sociales (Marx, Durkheim, Weber, etc.) son también clásicos del pensamiento sobre el desarrollo2 y los cambios en curso en el seno de las ciencias sociales repercuten sobre los estudios del desarrollo: el estructural-funcionalismo se ha operacionalizado en la teoría de la modernización; el keynesianismo ha sido reinterpretado en el estructuralismo latinoamericano; la teoría de la dependencia se hace eco del neomarxismo y el posestructuralismo se encuentra en el posdesarrollo.

Asimismo, como campo de investigación en sí mismo, los estudios sobre el desarrollo influyen a veces sobre las ciencias sociales. Así, la teoría de la dependencia (construida en sus orígenes con el aporte de las ciencias sociales) ha modelado el pensamiento occidental. Por ejemplo, la experiencia del Asia oriental inspiró la noción de "tigre céltico" para describir el proceso de desarrollo en Irlanda.

Para los países en desarrollo (PED), las ventajas del desarrollo resultan bastante evidentes (si bien la cuestión del tipo de desarrollo operado sigue abierta). Pero para los países industrializados, ¿cuál es el interés de ver que los PED se desarrollen? En geopolítica existe una idea consagrada que consiste en considerar que la escena internacional es una arena sin leyes, hobbesiana y peligrosa y que, por consiguiente, es el interés nacional el que debe guiar la política internacional.

Si solo la mitad de eso fuera cierto, ¿por qué, entonces, cuando abordamos las cuestiones del desarrollo, el mundo estaría poblado de buenos samaritanos y de Florence Nightingale?3 ¿Por qué los países industrializados deberían ayudar a los PED y hacer de ellos futuros competidores potenciales? Por tanto, sería lógico considerar que las sociedades industrializadas comparten su pedazo de la torta con los menos privilegiados únicamente bajo ciertas condiciones. En particular, que ellos acepten la ortodoxia en vigor en los países industrializados a propósito de lo que constituye el desarrollo y cómo lograrlo, y que acepten el hecho de que los países industrializados desean promover su ayuda al desarrollo manteniendo al mismo tiempo su ventaja estratégica.

Durante la Guerra Fría, el objetivo de la cooperación para el desarrollo era claro y estratégico: se trataba de probar que el capitalismo era benéfico y aportaba el desarrollo social. La política de cooperación para el desarrollo era un componente de la teoría del dominó. Con el fin de la Guerra Fría, este interés disminuyó: el desarrollo de los PED era siempre deseable, pero ya no era necesario desde un punto de vista estratégico.

Con la declinación de la Guerra Fría, la revolución Reagan-Thatcher desbocó el capitalismo en los países industrializados, mientras que el consenso de Washington lo impuso en los PED. Consecuentemente, las desigualdades sociales aumentaron significativamente entre y en el seno de los países. Esta ruptura en las políticas y los paradigmas fue considerada como una "contrarrevolución del desarrollo". Las condicionalidades del Fondo Monetario Internacional (FMI) y los ajustes estructurales preconizados por el Banco Mundial transformaron el desarrollo en una disciplina invitada a conformarse con el capitalismo angloestadounidense. La ortodoxia keynesiana de las primeras décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial ha cedido su lugar a la ortodoxia neoliberal. Con este cambio de paradigma, el desarrollo basado en el Estado ha sido rechazado en beneficio de un desarrollo basado en el mercado.

Es fácil constatar que tras cincuenta años de políticas de desarrollo, muchos PED siguen enfrentándose a una reducción de sus ingresos y que las desigualdades globales siguen aumentando. En los primeros decenios de la posguerra, el crecimiento económico mundial aumentó y numerosos PED mejoraron su situación. Esta tendencia ha cambiado radicalmente con la adopción de las políticas de ajuste estructural.

Hoy, el debate es encarnizado para saber si durante los últimos decenios las desigualdades globales aumentaron o disminuyeron. Existe acuerdo relativo en relación con la idea de que las estadísticas sobre el desarrollo mundial muestran una mejora general. Ella está ligada particularmente al crecimiento del Asia oriental, especialmente de la India y de la China, que representan ellas solas el 40% de la población mundial. Pero no hay acuerdo sobre el significado de esta mejora general. Hay quienes consideran que ella demuestra las virtudes de la globalización, mientras que otros piensan que esta mejora deriva de los beneficios del librecambio y el desarrollo basado en las exportaciones, es decir, claramente de las políticas del consenso de Washington.4 Pero, irónicamente, los países que registran un crecimiento económico significativo no han seguido la ortodoxia del consenso de Washington, mientras que los que la han aplicado -los países endeudados de África y América Latina que no tenían otras soluciones que seguir la consigna del FMI- fracasaron en sus objetivos de desarrollo o experimentaron una disminución de su crecimiento.5

El análisis de estas experiencias diferentes muestra que el núcleo del problema no es el conocimiento del desarrollo en sí mismo, sino más bien las políticas de desarrollo, tal como son ejecutadas y el contexto macroeconómico en el que ellas se aplican. El problema principal es la adopción de políticas macroeconómicas que no conducen al desarrollo, pero lo utilizan como argumento para lograr otros objetivos.

Cambio de régimen
Hoy en día, tras los daños causados por veinte años de neoliberalismo, con el debilitamiento del multilateralismo y el lanzamiento de la guerra contra el terrorismo imaginado por la doctrina estadounidense de seguridad, se hace difícil abordar las cuestiones del desarrollo sin perder la cara. ¿Podemos discutir todavía acerca del desarrollo como si todo eso no fuera importante? Las tendencias actuales muestran, más claramente que antes, que el desarrollo no constituye una prioridad internacional.

En primer lugar, dados los resultados registrados por la globalización neoliberal y como el paradigma neoliberal ha muerto, convendría enterrarlo. El proceso de reconquista del desarrollo está en marcha.6 ¿Qué queda entonces de legitimidad para las instituciones internacionales que preconizaron ardientemente la ortodoxia neoliberal y la aplicaron constantemente? ¿Qué queda de legitimidad al FMI tras su gestión calamitosa de las crisis financieras asiática, rusa y argentina? Dados los mediocres resultados en términos de erradicación de la pobreza registrados por el Banco Mundial, ¿cómo juzgar su aspiración a convertirse en un "banco del conocimiento"? Ciertamente, toda política requiere estadísticas y conocimientos operacionales. Pero lo que es verdaderamente necesario es un conocimiento crítico para contextualizar y evaluar las políticas y los paradigmas, es decir, precisamente lo que no hace el Banco Mundial... El Banco Mundial es un tunel de conocimientos, incluso en el interior: la nueva cultura de escucha ("las voces de los pobres") del Banco Mundial no se aplica al proceso de decisión interna.7

El conocimiento crítico es el eslabón que le falta a Washington, capital mundial de los grupos pensantes. Esta situación no es accidental. Ella es estructural y no está en condiciones de cambiar en los próximos años.8 Según Joseph Stiglitz, "es difícil tener que afrontar a un poder fuerte que es a la vez profesor de aula y alumno absentista".9

La erosión del multilateralismo se considera a veces como una ampliación del eje del Atlántico, como si la obstinación de los Europeos estuviera igualmente en cuestión. Pero son los Estados Unidos los que han adoptado el habito de no cumplir con sus compromisos internacionales (el tratado de no proliferación, la prohibición de minas antipersonales) o de vaciarlos de su contenido (Protocolo de Kioto, Corte Penal Internacional).

No hay compromiso posible frente al "con nosotros o contra nosotros" prescrito por los Estados Unidos, cuyo hábito de negar el multilateralismo mina la cooperación internacional para el desarrollo. En lugar de negociar en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC) -recinto multilateral, hasta donde puede serlo-, los Estados Unidos privilegian los acuerdos bilaterales de librecambio. Los gastos militares estadounidenses han alcanzado 500 mil millones de dólares en 2004 (y mucho más si se agrega el costo de la guerra y otros gastos de seguridad), mientras que la ayuda al desarrollo sólo ha recibido 15 mil millones de dólares.

¿En qué se convierte el proyecto de desarrollo en medio del jaleo de la guerra? La guerra es lo opuesto del desarrollo. Ella exige transferencias masivas de recursos y concentración del poder. Si la paz y la seguridad son necesarias para el desarrollo, la guerra perpetua contra el terrorismo y el concepto de guerra preventiva socavan las tentativas de desarrollo. Con un esfuerzo de imaginación, se podría considerar el desarrollo (o por lo menos el crecimiento económico) como el fruto de la globalización neoliberal, pero no ciertamente de la política hegemónica.

La guerra tiene el mérito de clarificar la situación. Lo que estaba escondido en tiempos de compromiso se revela cuando este compromiso vuela hecho pedazos. La nueva configuración se convierte en la de un imperio neoliberal: un marco inestable y no sostenible que alía hegemonismo y neoliberalismo, aunque el mercado libre es conquistado en el mundo mediante la fuerza de las armas.10 El neoliberalismo es rebautizado 'libertad' y sus iconos son las bases aéreas y los oleoductos. La consigna se convierte en "reduzcamos la pobreza en el mundo, pero antes, liberemos Afganistán e Irak".

Desobediencia civil
En estas circunstancias, es difícil saber cómo se puede retomar el proyecto internacional de desarrollo. Hay grandes posibilidades de que los Objetivos de Desarrollo del Milenio terminen reuniéndose con la serie de objetivos que todavía no se han logrado o no se lograrán: el objetivo de las Naciones Unidas para la ayuda pública al desarrollo y los objetivos de la Cumbre Social para el año 2020.

La coyuntura actual tiende hacia acuerdos de cooperación bilateral o regional, más que internacional. Se observa una tendencia a la regionalización del desarrollo con una más fuerte cooperación económica en Asia, alrededor de la China, y un desarrollo del potencial de cooperación Sur-Sur. Por razones evidentes, eso no se inspirará en la ortodoxia de Washington.

Hoy, el desarrollo ya no tiene necesidad de nuevos aportes de las ciencias sociales (ya ha recibido bastante), sino de un "cinismo refrescante" y de una perspectiva clara sobre el papel del conocimiento y el poder. Lo que necesitan las ciencias sociales, en particular la economía, es romper su encierro y abrir sus ventanas al desarrollo. Más que una reorganización de los saberes, requiere un realineamiento del poder.

Los estudios sobre el desarrollo deben ser una manifestación de desobediencia civil frente a las pretensiones de las instituciones de Washington. Esto no se podrá concretar mientras que las investigaciones y las políticas sigan alineadas con las de Washington. Los organismos o las instituciones internacionales en los países proveedores de fondos, particularmente de Europa y el Japón, deberían tomar conciencia de que el paradigma neoliberal ha muerto, que las instituciones de Washington están en quiebra y que se deberían redefinir los modelos políticos y los flujos de la ayuda. Los paradigmas y las estructuras de poder son por lo menos tan ágiles como los petroleros, pero tarde o temprano, cuando el carácter de la hegemonía global cambie, sucederá lo mismo con el poder y las políticas del conocimiento. Si ha sido posible llegar a un acuerdo internacional para el Protocolo de Kioto y la Corte Penal Internacional, también debería ser posible llegar a ponerse de acuerdo a favor del desarrollo internacional. Un esfuerzo que requiere hacer borrón y cuenta nueva.

1) Este argumento se desarrolló en Cowen, M. P. y R. W. Shenton, Doctrines of development, London, Routledge, 1996.
2) Véase Preston, P. W. Development theory: and introduction, Oxford, Blackwell, 1996.
3) Florence Nightingale (1820-1910), nacida en un medio acomodado, dedicó su vida a la creación de hospitales, la formación de enfermeras, el cuidado de los niños pobres, etc.
4) Jagdish Bhagwati, E. G. Defense of Globalization, New York, Oxford University Press, 2004; Norberg, J., Defense of global capitalism, Washington, D.C., Cato Institute, 2003.
5) Debatido en Nederveen Pieterse, J., Globalization or Empire?, New York, Routledge, 2004; Firebaugh, G. y B. Goesling, Accounting for the recent decline in global income inequality, American Journal of Sociology, vol. 110, n.º 2, 2004, pp. 283-312.
6) Véase Ha-Joon Chang e I. Grabel, Reclaiming development: an alternate economic policy manual, London, Zed, 2004.
7) Wilks, A. y F. Lefrancois, Blinding with science or encouraging debate? How World Bank analysis determines PRSP policies, London, Bretton Woods Project, 2002; Mehta, L., The World Bank and its emerging knowledge empire, Human Organization, vol. 60, n.º 2, 2001, pp. 189-196.
8) Véase Nederveen Pieterse, J., Can the United States correct itself? World Affairs, vol. 8, n.º 2, 2004, pp. 136-145; Nederveen Pieterse, J., The trouble with hegemony: Hegemonic destabilization theory, Asian Review (Bangkok), n.º 16, 2004, pp. 69-90. [Número temático: Globalization and Hegemony].
9) Stiglitz, J., Globalization and its discontents, New York, Norton, 2002. 10) Nederveen Pieterse, J., Globalization or Empire?, New York, Routledge, 2004.

 

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Dernière mise à jour Wednesday 5 October, 2005