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74 - Ciencias sociales
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Conocimiento y política

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La participación ambigua
Maria Inácia D'Avila, Universidade Federal do Rio
de Janeiro

Los programas de investigación participativa para el desarrollo, erigidos en fundamento moral por sus promotores, tienden a buscar la pureza original de las comunidades locales, garante de una tradición inviolada e inevitablemente dominada. Ahora bien, esta visión globalizante enmascara las contradicciones y lo que está en juego en las relaciones de fuerza, factores de nuevos equilibrios y arreglos.


os métodos empleados por los expertos en ciencias sociales y humanas en relación con las comunidades destinatarias de las acciones de desarrollo hacen de la participación su piedra de toque e, incluso, su fundamento moral y ético. Participación, desarrollo comunitario, cultura popular y participación en el proceso de toma de decisiones forman un conjunto intocable en los programas de los organismos internacionales y las ONG, o por quienquiera desee hacer una investigación con las comunidades denominadas desfavorecidas, oprimidas o dominadas.

Los nuevos misioneros
Las numerosas investigaciones consagradas al desarrollo de las poblaciones ya no rechazan, como en otros tiempos, el método y las técnicas denominadas participativas. Términos como 'investigación participativa' o 'investigación-acción', condenados antaño por la ciencia positivista dominante apegada a la cuantificación -pues se trataba de medir para planificar-, se consideran hoy, por lo menos de manera estratégica, que permiten introducir la voz de los dominados para realizar acciones o planificar.

Así como los antiguos misioneros partían para evangelizar a los "pueblos salvajes" a fin de convertirlos en nombre de la fe, los misioneros modernos (o posmodernos) parten en busca de la sabiduría pura y original de la población, y este encuentro entre el experto o especialista promovido a investigador y una comunidad destinataria se denomina 'investigación participativa'.

No se trata aquí de criticar los métodos participativos de acción para el desarrollo, pues iríamos entonces en contra de nuestras propias acciones y de nuestra trayectoria como investigadores, tanto dentro como fuera de la academia. Tampoco se trata de discutir la "espontaneidad" de las masas confrontadas con las consignas de los partidos políticos, el Estado o los programas de desarrollo, sino de interrogar la concepción que tienen los investigadores en ciencias sociales y humanas de la participación popular en el proceso de decisión de las acciones de desarrollo. En este sentido, me intereso menos en el aporte popular, su participación o su proceso de decisión que en la manera en la que los agentes del desarrollo, expertos o investigadores definen la participación popular y la concretan en sus acciones e investigaciones. Ahora bien, constato actualmente una confusión peligrosa tanto entre los estudiantes en psicosociología de las comunidades, como entre los investigadores más experimentados: basándose en la interpretación común de la expresión de Gramsci "intelectual orgánico", muchos tienden a considerar que la misión de los expertos e investigadores es hacer reconocer el conocimiento popular y sus prácticas como el conocimiento de los dominados, como respuesta a los conocimientos científicos y teóricos del poder dominante. Según Stuart Hall, Gramsci mismo habría tenido conciencia de la complejidad social y cultural que designó mediante la expresión "dispersión del poder". Fuera de la esfera del Estado, los antagonismos del poder estructuran las relaciones e instituciones de la sociedad civil: asociaciones voluntarias, educación, familia, vida religiosa, organizaciones culturales, vida privada, identidades de género, etnia, etc.1

Por consiguiente, para comenzar podemos plantear que los oprimidos o dominados no constituyen bloques homogéneos. En la búsqueda de la participación popular se debe considerar la complejidad sociocultural de las opresiones mismas. Hacer hablar a los oprimidos es insuficiente para nombrar todas las opresiones. Las opresiones de clase, por ejemplo, no son las mismas que las de género. Escuchar a una comunidad desfavorecida en un proyecto de reacondicionamiento de una zona contaminada no es suficiente para percibir el conjunto de derechos e identididades de los hombres, mujeres, niños, jóvenes o ancianos consultados. La multiplicidad de los combates y de los antagonismos constituye lo que define el "poder dispersado".

Como corolario, es necesario saber que a la dispersión del poder responde la fragmentación del conocimiento popular, con todas sus prácticas y lenguajes. En las concepciones más equivocadas de los métodos participativos, la concienciación parece ser suficiente para la emancipación. Negando lo político y sus poderes dispersos, se reduce el sentido común a una sola unidad. Suponer una conciencia obrera o una responsabilidad histórica de las mujeres como totalidades, bloques unitarios, hace imposible la comprensión de las contradicciones.

Para Gramsci, los intelectuales orgánicos deben actuar para elevar el pensamiento popular, clarificando y renovando la conciencia colectiva. Pero Hall hace hincapié en que el propósito de Gramsci rechaza totalmente la idea de un sujeto ideológico unificado y predeterminado, por ejemplo, el proletariado con sus pensamientos revolucionarios "correctos" o los negros con su conciencia general antiracista garantizada a priori.2 Para Hall, el enfoque de Gramsci del campo ideológico, de la conciencia colectiva y de su transformación permite, por el contrario, aprehender la simultaneidad "de los elementos de la edad de piedra y los principios de una ciencia más avanzada, los prejuicios de las fases anteriores de la historia y las intuiciones de una filosofía futura".3

Tomemos el ejemplo de una investigación participativa con una población que vive en condiciones sanitarias precarias, como se puede encontrar en las favelas de Río de Janeiro o de San Pablo. La cultura de sus pobladores, así como la de los obreros, la de las amas de casa o de los campesinos no existe como una unidad homogénea y esto tiene una gran importancia para comprender las contradicciones que se pueden encontrar. Comprender estas contradicciones no quiere decir olvidarlas ni esconderlas. Por el contrario; los investigadores deben integrarlas en su programa de intervención, así como en las fases preliminares de observación, entrevistas, negociación y devolución o retroalimentación (feedback) participativa. Es una condición sine qua non para que la investigación con la participación de las poblaciones o comunidades pueda llegar a su finalidad de concienciación y transformación.

Pero la cuestión no se resuelve con esta afirmación ingenua. Diversas investigaciones se jactan de defender el patrimonio cultural y medioambiental como bastiones de la cultura popular. En la mayoría de los casos, en nombre del desarrollo endógeno o local, se aumentan las tareas de las poblaciones nativas para incrementar sus ingresos. En lugar de tener un poco más de tiempo para el ocio o el descanso, en varias regiones del Brasil las mujeres "concienciadas" acumulan su actividad agrícola con una actividad artesanal, recargando aún más su duro trabajo cotidiano. Esta situación es parecida en varias regiones del mundo.

El mito de una cultura popular
En la década de los noventa, las acciones o intervenciones comunitarias, bajo la influencia de teorías como las de Douglas North,4 comenzaron a definir el "capital social comunitario" como derivado de la cultura popular, un deslizamiento casi natural cuando el conocimiento popular era denominado 'patrimonio' por el conjunto de los organismos internacionales. Consecuencia inmediata: la dialéctica de la cultura popular, tan cara a los trabajos de Paulo Freire, indispensable para las transformaciones (Gramsci, Hall), fue aniqulilada y condenada al olvido. La cultura se ha convertido en una mercancía y se ha apropiado como tal. En las teorías del capital social parece evidente que quienes no tienen capital original no podrán desarrollarlo. Para Hall, "el peligro aparece porque tenemos tendencia a pensar las expresiones culturales como una entidad entera y coherente: ya sea totalmente corrompida o totalmente auténtica".5 Ahora bien, la cultura popular autónoma, fuera del campo de fuerzas de las relaciones de poder y dominación, no existe.

No es difícil comprender el éxito de las teorías del capital social entre los investigadores que emplean métodos de participación de las comunidades. Todo lo que se denomina tradiciones locales, ya sea que designen prácticas seculares o manifestaciones folclóricas o artesanales, se puede convertir en objetos o mercancías culturales materializadas. De esta manera, estos investigadores hacen como si las expresiones culturales populares pudieran contener, por sí mismas, una significación fija e inalterable (Hall, 2003). La tradición es, por consiguiente, tratada fuera de su campo histórico y la participación de la población nativa en los proyectos de desarrollo proviene del reconocimiento de un mito original en el que cada comunidad sería una fuente de pureza que hay que preservar de todos los peligros del planeta. Lo importante no es la tradición y sus materializaciones, sino las cuestiones cruciales que derivan de la relación de fuerzas que expresa la asimilación o la resistencia, con sus nuevos equilibrios y arreglos.

Este movimiento -integrado en la concepción de las investigaciones o de las acciones que apelan a la participación de las comunidades- es el único que es capaz de dar un espacio político a la diferencia, con la ocupación de nuevos espacios para movimientos sociales como el feminismo, el medioambientalismo, el pacifismo, las nuevas políticas sexuales, étnicas, etc.

Finalmente, no hay que descuidar las cuestiones de codificación en este tipo de investigaciones y acciones llamadas 'participativas'. La mayoría de los investigadores, incluso si son capaces de reconocer las diferencias y las relaciones de fuerza implícitas en sus investigaciones, no son capaces de abandonar los "enfoques logocéntricos" fundados en el dominio de la lectura y la escritura. Introducir nuevos códigos -como el visual y el sonoro en la representación de la vida cotidiana de las poblaciones que no han tenido acceso a los códigos dominantes- es una manera de recuperar la expresión de un repertorio más complejo, sin retornar a las formulaciones esencialistas de la cultura o reificadas a propósito del conocimiento denominado popular.

1) Ensayo presentado originalmente por Stuart Hall en el coloquio Perspectives théoriques dans l'analyse du racisme, UNESCO, 1985. Publicado en el Brasil en la antología de textos de Stuart Hall: Sovik, Liv (org.), Da Diáspora: identidades e mediações culturais, Belo Horizonte, Editora UFMG/ Brasilia, Representação da UNESCO no Brasil, 2003. Traducción libre de la autora al francés.
2) Ibídem.
3) Ibídem.
4) Véase Durston, John, ¿Qué es el capital social comunitario?, Santiago de Chile, CEPAL, 2000 (Serie CEPAL n.° 38).
5) Hall, Stuart, Notes on Deconstructing the Popular, en Samuel, Richard (ed.), People's History and Socialist Theory, London, Routledge, 1981, pp. 227-239. Cf. en portugués: Sovig, Liv (org.), op. cit., pp. 247-264.

El programa de Estudios Interdisciplinarios de Comunidades y Ecología Social (EICOS) depende del Instituto de Psicología de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Lanzado en 1983, este programa tiene por objetivo realizar estudios de grupos, instituciones y comunidades en una perspectiva psicosocial.
www.eicos.psycho.ufrj.br

 

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Dernière mise à jour Wednesday 5 October, 2005