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La
participación ambigua
Maria
Inácia D'Avila, Universidade
Federal do Rio
de Janeiro
Los programas
de investigación participativa para el desarrollo, erigidos en
fundamento moral por sus promotores, tienden a buscar la pureza
original de las comunidades locales, garante de una tradición
inviolada e inevitablemente dominada. Ahora bien, esta visión
globalizante enmascara las contradicciones y lo que está en juego
en las relaciones de fuerza, factores de nuevos equilibrios y
arreglos.
os
métodos empleados por los expertos en ciencias sociales y humanas
en relación con las comunidades destinatarias de las acciones
de desarrollo hacen de la participación su piedra de toque e,
incluso, su fundamento moral y ético. Participación, desarrollo
comunitario, cultura popular y participación en el proceso de
toma de decisiones forman un conjunto intocable en los programas
de los organismos internacionales y las ONG, o por quienquiera
desee hacer una investigación con las comunidades denominadas
desfavorecidas, oprimidas o dominadas.
Los
nuevos misioneros
Las numerosas investigaciones consagradas al desarrollo de las
poblaciones ya no rechazan, como en otros tiempos, el método y
las técnicas denominadas participativas. Términos como 'investigación
participativa' o 'investigación-acción', condenados antaño por
la ciencia positivista dominante apegada a la cuantificación -pues
se trataba de medir para planificar-, se consideran hoy, por lo
menos de manera estratégica, que permiten introducir la voz de
los dominados para realizar acciones o planificar.
Así
como los antiguos misioneros partían para evangelizar a los "pueblos
salvajes" a fin de convertirlos en nombre de la fe, los misioneros
modernos (o posmodernos) parten en busca de la sabiduría pura
y original de la población, y este encuentro entre el experto
o especialista promovido a investigador y una comunidad destinataria
se denomina 'investigación participativa'.
No
se trata aquí de criticar los métodos participativos de acción
para el desarrollo, pues iríamos entonces en contra de nuestras
propias acciones y de nuestra trayectoria como investigadores,
tanto dentro como fuera de la academia. Tampoco se trata de discutir
la "espontaneidad" de las masas confrontadas con las consignas
de los partidos políticos, el Estado o los programas de desarrollo,
sino de interrogar la concepción que tienen los investigadores
en ciencias sociales y humanas de la participación popular en
el proceso de decisión de las acciones de desarrollo. En este
sentido, me intereso menos en el aporte popular, su participación
o su proceso de decisión que en la manera en la que los agentes
del desarrollo, expertos o investigadores definen la participación
popular y la concretan en sus acciones e investigaciones. Ahora
bien, constato actualmente una confusión peligrosa tanto entre
los estudiantes en psicosociología de las comunidades, como entre
los investigadores más experimentados: basándose en la interpretación
común de la expresión de Gramsci "intelectual orgánico", muchos
tienden a considerar que la misión de los expertos e investigadores
es hacer reconocer el conocimiento popular y sus prácticas como
el conocimiento de los dominados, como respuesta a los conocimientos
científicos y teóricos del poder dominante. Según Stuart Hall,
Gramsci mismo habría tenido conciencia de la complejidad social
y cultural que designó mediante la expresión "dispersión del poder".
Fuera de la esfera del Estado, los antagonismos del poder estructuran
las relaciones e instituciones de la sociedad civil: asociaciones
voluntarias, educación, familia, vida religiosa, organizaciones
culturales, vida privada, identidades de género, etnia, etc.1
Por
consiguiente, para comenzar podemos plantear que los oprimidos
o dominados no constituyen bloques homogéneos. En la búsqueda
de la participación popular se debe considerar la complejidad
sociocultural de las opresiones mismas. Hacer hablar a los oprimidos
es insuficiente para nombrar todas las opresiones. Las opresiones
de clase, por ejemplo, no son las mismas que las de género. Escuchar
a una comunidad desfavorecida en un proyecto de reacondicionamiento
de una zona contaminada no es suficiente para percibir el conjunto
de derechos e identididades de los hombres, mujeres, niños, jóvenes
o ancianos consultados. La multiplicidad de los combates y de
los antagonismos constituye lo que define el "poder dispersado".
Como
corolario, es necesario saber que a la dispersión del poder responde
la fragmentación del conocimiento popular, con todas sus prácticas
y lenguajes. En las concepciones más equivocadas de los métodos
participativos, la concienciación parece ser suficiente para la
emancipación. Negando lo político y sus poderes dispersos, se
reduce el sentido común a una sola unidad. Suponer una conciencia
obrera o una responsabilidad histórica de las mujeres como totalidades,
bloques unitarios, hace imposible la comprensión de las contradicciones.
Para
Gramsci, los intelectuales orgánicos deben actuar para elevar
el pensamiento popular, clarificando y renovando la conciencia
colectiva. Pero Hall hace hincapié en que el propósito de Gramsci
rechaza totalmente la idea de un sujeto ideológico unificado y
predeterminado, por ejemplo, el proletariado con sus pensamientos
revolucionarios "correctos" o los negros con su conciencia general
antiracista garantizada a priori.2
Para Hall, el enfoque de Gramsci del campo ideológico, de la conciencia
colectiva y de su transformación permite, por el contrario, aprehender
la simultaneidad "de los elementos de la edad de piedra y los
principios de una ciencia más avanzada, los prejuicios de las
fases anteriores de la historia y las intuiciones de una filosofía
futura".3
Tomemos
el ejemplo de una investigación participativa con una población
que vive en condiciones sanitarias precarias, como se puede encontrar
en las favelas de Río de Janeiro o de San Pablo. La cultura de
sus pobladores, así como la de los obreros, la de las amas de
casa o de los campesinos no existe como una unidad homogénea y
esto tiene una gran importancia para comprender las contradicciones
que se pueden encontrar. Comprender estas contradicciones no quiere
decir olvidarlas ni esconderlas. Por el contrario; los investigadores
deben integrarlas en su programa de intervención, así como en
las fases preliminares de observación, entrevistas, negociación
y devolución o retroalimentación (feedback) participativa. Es
una condición sine qua non para que la investigación con la participación
de las poblaciones o comunidades pueda llegar a su finalidad de
concienciación y transformación.
Pero
la cuestión no se resuelve con esta afirmación ingenua. Diversas
investigaciones se jactan de defender el patrimonio cultural y
medioambiental como bastiones de la cultura popular. En la mayoría
de los casos, en nombre del desarrollo endógeno o local, se aumentan
las tareas de las poblaciones nativas para incrementar sus ingresos.
En lugar de tener un poco más de tiempo para el ocio o el descanso,
en varias regiones del Brasil las mujeres "concienciadas" acumulan
su actividad agrícola con una actividad artesanal, recargando
aún más su duro trabajo cotidiano. Esta situación es parecida
en varias regiones del mundo.
El
mito de una cultura popular
En la década de los noventa, las acciones o intervenciones comunitarias,
bajo la influencia de teorías como las de Douglas North,4
comenzaron a definir el "capital social comunitario" como derivado
de la cultura popular, un deslizamiento casi natural cuando el
conocimiento popular era denominado 'patrimonio' por el conjunto
de los organismos internacionales. Consecuencia inmediata: la
dialéctica de la cultura popular, tan cara a los trabajos de Paulo
Freire, indispensable para las transformaciones (Gramsci, Hall),
fue aniqulilada y condenada al olvido. La cultura se ha convertido
en una mercancía y se ha apropiado como tal. En las teorías del
capital social parece evidente que quienes no tienen capital original
no podrán desarrollarlo. Para Hall, "el peligro aparece porque
tenemos tendencia a pensar las expresiones culturales como una
entidad entera y coherente: ya sea totalmente corrompida o totalmente
auténtica".5 Ahora bien,
la cultura popular autónoma, fuera del campo de fuerzas de las
relaciones de poder y dominación, no existe.
No
es difícil comprender el éxito de las teorías del capital social
entre los investigadores que emplean métodos de participación
de las comunidades. Todo lo que se denomina tradiciones locales,
ya sea que designen prácticas seculares o manifestaciones folclóricas
o artesanales, se puede convertir en objetos o mercancías culturales
materializadas. De esta manera, estos investigadores hacen como
si las expresiones culturales populares pudieran contener, por
sí mismas, una significación fija e inalterable (Hall, 2003).
La tradición es, por consiguiente, tratada fuera de su campo histórico
y la participación de la población nativa en los proyectos de
desarrollo proviene del reconocimiento de un mito original en
el que cada comunidad sería una fuente de pureza que hay que preservar
de todos los peligros del planeta. Lo importante no es la tradición
y sus materializaciones, sino las cuestiones cruciales que derivan
de la relación de fuerzas que expresa la asimilación o la resistencia,
con sus nuevos equilibrios y arreglos.
Este
movimiento -integrado en la concepción de las investigaciones
o de las acciones que apelan a la participación de las comunidades-
es el único que es capaz de dar un espacio político a la diferencia,
con la ocupación de nuevos espacios para movimientos sociales
como el feminismo, el medioambientalismo, el pacifismo, las nuevas
políticas sexuales, étnicas, etc.
Finalmente,
no hay que descuidar las cuestiones de codificación en este tipo
de investigaciones y acciones llamadas 'participativas'. La mayoría
de los investigadores, incluso si son capaces de reconocer las
diferencias y las relaciones de fuerza implícitas en sus investigaciones,
no son capaces de abandonar los "enfoques logocéntricos" fundados
en el dominio de la lectura y la escritura. Introducir nuevos
códigos -como el visual y el sonoro en la representación de la
vida cotidiana de las poblaciones que no han tenido acceso a los
códigos dominantes- es una manera de recuperar la expresión de
un repertorio más complejo, sin retornar a las formulaciones esencialistas
de la cultura o reificadas a propósito del conocimiento denominado
popular.
1)
Ensayo presentado originalmente por Stuart Hall en el coloquio
Perspectives théoriques dans l'analyse du racisme, UNESCO, 1985.
Publicado en el Brasil en la antología de textos de Stuart Hall:
Sovik, Liv (org.), Da Diáspora: identidades e mediações culturais,
Belo Horizonte, Editora UFMG/ Brasilia, Representação da UNESCO
no Brasil, 2003. Traducción libre de la autora al francés.
2)
Ibídem.
3) Ibídem.
4) Véase Durston, John, ¿Qué es el capital social comunitario?,
Santiago de Chile, CEPAL, 2000 (Serie CEPAL n.° 38).
5) Hall, Stuart, Notes on Deconstructing the Popular, en Samuel,
Richard (ed.), People's History and Socialist Theory, London,
Routledge, 1981, pp. 227-239. Cf. en portugués: Sovig, Liv (org.),
op. cit., pp. 247-264.
El
programa de Estudios Interdisciplinarios de Comunidades
y Ecología Social (EICOS) depende del Instituto de Psicología
de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Lanzado en 1983,
este programa tiene por objetivo realizar estudios de grupos,
instituciones y comunidades en una perspectiva psicosocial.
www.eicos.psycho.ufrj.br
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