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Por
una seguridad humana
Mary Kaldor
Centre for the Study of Global Governance
De
la misma manera en que desde hace tiempo se ha separado la ayuda
al desarrollo de la ayuda de urgencia, generalmente se piensa
el desarrollo y la seguridad de manera antagonista. El concepto
de seguridad humana quiere reconciliar los enfoques y los instrumentos
para ofrecer un desarrollo y una seguridad a los individuos más
que a las naciones. Alegato.
a
pobreza ya ha sido reconocida en el más alto nivel como un elemento
importante de la seguridad, pero todavía se carece de un enfoque
global de la cuestión y la competencia aún es feroz entre los
enfoques "duro" y "blando". La seguridad humana consiste en proteger
la vida de los individuos. Más concreto y amplio que el término
'paz', difiere también del enfoque militar adoptado por los Estados
Unidos o los estados-nación tradicionales. Cambiar de vocabulario
permite también movilizar más fácilmente el apoyo del público
y proponer una serie de principios para guiar y enmarcar las políticas.
Estos
principios deben simultáneamente "liberar del miedo", lo que es
el fin de toda seguridad pública, y "liberar de la necesidad",
lo que es el fin del desarrollo humano. Estos principios no se
aplican solamente a las situaciones de crisis. Generalmente se
distingue la prevención de las crisis y la reconstrucción posterior
a conflictos. Pero a menudo es difícil distinguir claramente las
diferentes fases de un conflicto, pues no hay ni principio ni
fin netos y las causas del conflicto -el miedo, el odio, la economía
criminalizada que controla los recursos mediante la violencia,
la debilidad y la ilegitimidad de los estados, la existencia de
señores de la guerra y de grupos paramilitares- son a menudo exacerbados
durante y después de períodos de violencia. En la situación palestina,
por ejemplo, se supone que estamos en la situación de posconflicto
después de los acuerdos de Oslo. Asimismo, a menudo se califica
a los conflictos al sur del Cáucaso como "congelados", mientras
que el término "latente" sería más adecuado. Por consiguiente,
los principios de seguridad humana se deberían aplicar a un continuo
de fases que presentan un grado de violencia variable y combinar
elementos de prevención y reconstrucción.
El
ideal de humanidad
La primacía de los derechos humanos es lo que debe distinguir
el enfoque de la seguridad humana de los enfoques tradicionales
centrados en el Estado. Si estos principios parecen evidentes,
para concretarse deben superar obstáculos institucionales y culturales.
Los derechos humanos recubren aquí los derechos sociales y económicos,
así como los derechos cívicos y políticos. Esto significa que
derechos humanos como el derecho a la vida, a la vivienda o la
libertad de opinión deben ser respetados y protegidos, incluso
en medio de un conflicto.
Las
implicaciones para la política de seguridad y el desarrollo son
profundas. Durante estos últimos años, la preocupación central
de los prácticantes en términos de seguridad, como de los analistas
de cuestiones internacionales, ha sido las condiciones en las
cuales los derechos humanos deben prevalecer sobre la soberanía.
Este debate a menudo ha descuidado la cuestión de los medios que
se deben utilizar en las denominadas operaciones de defensa de
los derechos humanos, sobre todo cuando se despliegan fuerzas
militares. Frecuentemente, la utilización de la fuerza parece
justificable si existe una autoridad legal (ius ad bellum) y los
objetivos son respetables. Pero los métodos adoptados cuentan
tanto como las razones. A menos que sea absolutamente necesario
y fundado jurídicamente, el personal desplegado en las misiones
de seguridad humana debe evitar matar, herir y causar daños materiales.
La
primacía de los derechos humanos implica también que quienes cometen
importantes violaciones de los derechos humanos sean tratados
como individuos criminales más que como enemigos colectivos.
En
términos de desarrollo, este enfoque instaura la primacía del
desarrollo humano sobre el crecimiento de las economías nacionales.
Esto tiene profundas consecuencias, tanto sobre las políticas
de desarrollo como sobre cuestiones más específicas, como la condicionalidad.
Es necesario encontrar los medios para ayudar a los individuos,
incluso cuando un país sufre de mal gobierno o no llega a responder
a diferentes condicionalidades. Consultar ampliamente dentro de
los países y encontrar los medios de eludir a las autoridades
locales para ayudar a las comunidades constituyen vías interesantes.
El
fin último de una estrategia de seguridad humana debe ser el establecimiento
de una autoridad política legítima, capaz de hacer respetar la
seguridad humana. Nuevamente, esto se aplica tanto a la seguridad
física -para la cual el respeto de la ley y el buen funcionamiento
del sistema de justicia son esenciales- como a la seguridad material
-para la cual se requieren políticas estatales a fin de reforzar
el empleo legal y aportar infraestructura y servicios públicos-.
Una autoridad política legítima no tiene necesidad de un Estado.
Ella puede reposar sobre gobiernos locales y regionales, incluso
sobre acuerdos políticos internacionales. La debacle de los estados
es a menudo la primera causa de conflicto y se debe tener en cuenta
las razones de este fracaso cuando se reconstruye una autoridad
política legítima.
La
diplomacia, las sanciones, el aporte de ayuda, los vínculos con
la sociedad civil son otros tantos instrumentos disponibles para
los estados y las instituciones internacionales que desean influir
sobre los procesos políticos en otros países -democratizar regímenes
autoritarios, reforzar formas legítimas de autoridad política
o promover soluciones políticas inclusivas en los conflictos-.
También se debe considerar el despliegue de personal civil. Cuando
se está en vistas de una catástrofe humanitaria -en caso de amenaza
de genocidio, por ejemplo-, el empleo de las fuerzas militares
es ineludible, siempre y cuando éstas cuenten con el apoyo y el
acuerdo de las poblaciones locales. De parte de las fuerzas militares
no se puede esperar más que la estabilización de la situación,
lo que permite crear espacios para un proceso político y judicial.
Esto constituye un cambio cognitivo difícil para los militares,
habituados a deshacerse de sus enemigos.
El
instrumento multilateral
El enfoque de seguridad humana debe ser global y, por consiguiente,
sólo se puede implementar mediante una acción multilateral. El
multilateralismo supera el simple hecho de actuar "con un grupo
de estados". El multilateralismo es lo que funda la legitimidad
y lo que distingue el enfoque de seguridad humana del neocolonialismo.
En primer lugar, el multilateralismo se compromete a trabajar
con las instituciones internacionales y aceptar sus procedimientos.
Esto implica, antes que nada, trabajar en el marco de las Naciones
Unidas, pero también con organizaciones regionales tales como
la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa o
la Organización del Tratado del Atlántico Norte en Europa, la
Unión Africana, la Comunidad de Desarrollo del África Austral
o la Comunidad Económica de los Estados de África del Oeste en
África, o la Organización de los Estados Americanos en el hemisferio
occidental.
Además,
el multilateralismo se compromete a crear reglas comunes y normas,
a resolver los problemas mediante las reglas y la cooperación,
y a aplicar esas reglas. La debacle de algunos estados puede entonces
comprenderse parcialmente como el fracaso de estados, tradicionalmente
unilaterales, a adaptarse a modos de trabajo multilaterales.
En
fin, el multilateralismo debe privilegiar la coordinación más
que la duplicación o la rivalidad. Un enfoque eficaz de la seguridad
humana exige la coordinación de las acciones de información, de
iniciativas en materia de política exterior y comercial, de desarrollo
y de seguridad entre los estados, los actores multilaterales -entre
los cuales las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el FMI- y otras
instituciones regionales. Las políticas preventivas y dinámicas
no pueden ser eficaces si están aisladas o son contradictorias.
El
aporte del desarrollo
Las nociones de asociación, apropiación local y participación
son ya conceptos clave de las políticas de desarrollo. Estos conceptos
también se deberían aplicar a las políticas de seguridad cuando
es necesario decidir el tipo de política de desarrollo y de seguridad
que hay que adoptar, cuando hay que decidir entre intervenir con
fuerzas militares o mediante las diversas formas de condicionalidad
existentes y cuando se debe evalur las necesidades básicas identificadas
por las personas que sufren la violencia y la inseguridad. No
es sólo una cuestión moral, sino que es una cuestión de eficacia.
Las personas que viven en zonas inseguras son las mejores fuentes
de información. La comunicación, la consulta y el diálogo son
pues los instrumentos esenciales para el desarrollo y la seguridad.
En
este contexto, los grupos de mujeres son particularmente importantes.
Desde hace tiempo se reconoce la importancia de la igualdad entre
los sexos, especialmente de la educación de las niñas para el
desarrollo. Se puede decir lo mismo de la gestión de los conflictos.
Las mujeres desempeñan un papel decisivo en los conflictos contemporáneos,
sufriendo las consecuencias institucionales y al mismo tiempo
superando las divisiones internas de la sociedad. El compromiso
y la asociación con los grupos de mujeres pueden constituir un
elemento clave de un enfoque de seguridad humana.
Las
nuevas guerras no tienen fronteras claras. Tienen tendencia a
expandirse por medio de los refugiados y las personas desplazadas,
las minorías que viven en estados diferentes, así como las redes
de criminales y extremistas. De hecho, la mayoría de situaciones
de inseguridad severa se sitúan en un pequeño número de regiones.
Privilegiando las zonas definidas en términos de Estado, a menudo
se ha descuidado métodos relativamente simples para evitar el
aumento de la violencia. Una vez más, los analistas de política
exterior a menudo han sido sorprendidos cuando, a pesar de que
se venía de prestar una atención considerable a un conflicto,
otro podía surgir sin previo aviso en un país vecino.
La
región es también una puerta de entrada importante para restaurar
o sostener la cooperación económica y comercial. La destrucción
de líneas de transporte y de relaciones comerciales, consecuencia
de la guerra, a menudo figura entre las primeras causas de la
caída de la producción y el empleo, contribuyendo aún más a la
pobreza y la inseguridad.
La
comunidad interesada en el desarrollo está preocupada -con razón-
por la necesidad de garantizar el desarrollo. En el pasado, por
lo menos en teoría, las cuestiones de seguridad se consideraban
como pertenecientes al dominio de los asuntos exteriores, mientras
que el desarrollo era una cuestión nacional, del mismo orden que
las políticas económicas y sociales. Debido a esta división, cuando
la seguridad invadió el campo del desarrollo y, durante la guerra
fría, las cuestiones de seguridad pesaron fuertemente sobre las
políticas de desarrollo, este fenómeno se consideró entonces como
una expresión del neocolonialismo.
Sin
embargo, hoy es imposible separar la seguridad del desarrollo.
Las distinciones entre las políticas exteriores e interiores,
entre políticas nobles y otras más contingentes (high and low
politics) se derrumban por sí mismas. Si nos aferramos a una visión
superada de la seguridad, esto tendrá efectos verdaderamente desastrosos
sobre el desarrollo. Una visión de la seguridad centrada en el
Estado no permite actuar contra la inseguridad vivida por los
individuos y las comunidades en grandes porciones del mundo y,
sobre todo, en los países en desarrollo.
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