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El
impacto de las empresas
Peter Utting
UNRISD
Tal
como se concibe actualmente, la responsabilidad social de las
empresas no responde a objetivos de desarrollo. Ella debería ser,
en particular, más apremiante para las multinacionales, implicar
más ampliamente a los actores clave de los PED y ser más respetuosa
de los marcos de regulación pública ya existentes.
esde
hace varias décadas, el debate es encarnizado en lo que respecta
al papel y el impacto de las empresas transnacionales y las inversiones
directas extranjeras (IDE) en los países en desarrollo (PED).
Para decirlo simplemente, algunos hacen hincapié en la contribución
actual o potencial de las transnacionales sobre el desarrollo
económico y social mediante inversiones, empleo, fiscalidad y
transferencia de tecnología, conocimientos y competencias. Otros
destacan, por el contrario, que las transnacionales han contribuido
a promover cierto tipo de desarrollo y de relaciones Norte-Sur
que son desventajosas para los PED.
La
década de los ochenta constituyó un giro importante para el equilibrio
de estos diferentes puntos de vista en la medida en que las organizaciones
internacionales y numerosos PED abandonaron la idea de un nuevo
orden económico internacional para volverse hacia las IDE. Al
hacerlo, aceptaron en gran medida las propuestas y condicionalidades
prescritas por las instituciones financieras internacionales,
como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que
estimularon a los PED a proseguir un modelo de desarrollo basado
en las exportaciones, a liberalizar sus regímenes de comercio
e inversión, así como a privatizar las empresas del Estado y los
servicios públicos.
Estas
políticas continúan hoy, pero han sido completadas por otro enfoque,
al que se designa con el rótulo de responsabilidad social de las
empresas (RSE) o de ciudadanía empresarial. Durante los últimos
años, numerosas empresas transnacionales y asociaciones de negocios
han respondido a la presión de los consumidores y de la sociedad
civil, a las oportunidades de mercado y al nuevo pensamiento sobre
el "buen gobierno" adoptando una serie de iniciativas voluntarias
asociadas a códigos de conducta, mejora de los sistemas de gestión
medioambiental, participación en marcos de etiquetación y certificación,
así como a actividades filantrópicas e inversiones sociales.
Por
otra parte, un número creciente de empresas participa en iniciativas
que reúnen a los socios interesados1
o a asociaciones público-privadas con ONG u organizaciones multilaterales.
Las Naciones Unidas han desempeñado un papel importante en la
promoción de asociaciones con las empresas transnacionales mediante
programas como el Global Compact2
[Pacto global] o múltiples iniciativas ejecutadas o anunciadas
con ocasión de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible
realizada en Johannesburgo en 2002.
La
responsabilidad de la empresa en debate
El
debate sobre el desarrollo relativo a los flujos de IDE se ha
extendido ahora a la RSE. Los partidarios de la RSE saludan las
iniciativas voluntarias como una manera pragmática e innovadora
de reforzar la contribución de las transnacionales al desarrollo.
Muchos consideran también estos pasos voluntarios como una alternativa
eficaz a la regulación gubernamental, que a menudo se considera
como poco favorable para el mundo de los negocios y difícil de
ejecutar, en particular en los PED. La mayor parte de las críticas
contra la RSE se han concentrado en dos aspectos: en primer lugar,
la idea de que las iniciativas voluntarias constituyen simplemente
un "reverdecimiento" o tentativa de camuflaje de prácticas usuales
y, en segundo término, que las normas de las empresas se deberían
reforzar y abarcar otros campos.
¿Cuál
ha sido realmente el impacto de la RSE y de las asociaciones?
Desafortunadamente, la mayor parte de los argumentos en contra
o a favor de la RSE se basan en suposiciones, anécdotas y un número
limitado de ejemplos de "buenas" o "malas" prácticas. Existen
muy pocas investigaciones sobre el impacto de la RSE en el desarrollo
y sus aspectos sociales, medioambientales, económicos y participativos.
Los
primeros resultados de las investigaciones efectuadas por el Instituto
de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social
(UNRISD) sugieren que un número creciente de grandes empresas
han tomado el tren de la RSE no sólo de manera reactiva -incluso
si muchas de ellas responden de esta manera a las presiones ligadas
a la sociedad civil, los consumidores y los accionarios, así como
a las amenazas de regulación. Su compromiso es más dinámico, si
se tienen en cuenta los beneficios que pueden obtener. En este
sentido, la RSE es actualmente algo más que un simple ropaje o
una manera de cuidar sus relaciones. Asimismo, parece que los
actores implicados en la RSE siguen estando en un proceso de aprendizaje
y evolucionan poco a poco hacia prácticas y normas más completas.
No
obstante, se nota que el aumento de la implicación en la RSE,
en función de las empresas efectivamente comprometidas, tiene
límites. Además, los acuerdos institucionales asociados a la aplicación
de los códigos de conducta y de certificación a menudo son débiles,
complejos y muy costosos.
Este
informe moderado vale igualmente para algunas asociaciones público-privadas
que implican a las Naciones Unidas y empresas transnacionales.
El Global Compact [Pacto global], por ejemplo, se ha revelado
muy útil para hacer hincapié en las problemáticas del trabajo,
los derechos humanos, el medio ambiente o incluso de la lucha
contra la corrupción en un contexto político global donde, durante
años, la atención se puso únicamente sobre cuestiones de liberalización
económica y ajuste estructural. Ha contribuido a reforzar algunos
aspectos del derecho internacional indicativo [international
soft law], como la Convención de la Organización Internacional
del Trabajo, la Declaración Universal de Derechos Humanos o incluso
las resoluciones adoptadas en la Cumbre para la Tierra de Río
de Janeiro en 1992. Ha permitido así poner a las transnacionales
ante sus responsabilidades y obligaciones frente al derecho internacional.
Asimismo, el Global Compact ha estimulado el diálogo sobre problemas
específicos como la responsabilidad de los medios empresariales
en las zonas de conflicto o en relación con el SIDA.
Sin
embargo, tal como están estructuradas hoy en día, las asociaciones
entre las Naciones Unidas y los medios empresariales se caracterizan
por una gran debilidad de los mecanismos de selección de los socios
adecuados, de los mecanismos de verificación para asegurar que
las empresas mejoran significativamente sus desempeños sociales
y medioambientales, así como de procedimientos que verifican que
los socios responden a las prioridades nacionales y a los problemas
que tienen que solucionar en los PED. También hay que temer que
estas asociaciones ofrezcan a los medios empresariales una gran
influencia sobre las estructuras de gobierno de las instituciones
multilaterales y que iniciativas como el Global Compact sirvan
de coartada para no considerar enfoques de regulación pública
que podrían tener más impacto como, por ejemplo, las "normas de
las Naciones Unidas sobre la responsabilidad en materia de derechos
humanos de las sociedades transnacionales y otras empresas" propuestas
en 2003 por la Subcomisión para la Promoción y Protección de los
Derechos Humanos.
¿Qué
impacto sobre el desarrollo?
Entre los promotores de la RSE existe una idea ampliamente compartida
según la cual la RSE y las asociaciones público-privadas, independientemente
de su forma, son necesariamente buenas para el desarrollo y el
buen gobierno. Sin embargo, esta hipótesis debería considerarse
con prudencia, habida cuenta de las características siguientes
de la RSE:
1)
La agenda de la RSE tiende a ser prescrita por los países industrializados,
con una participación limitada de las partes interesadas de los
PED en los procesos pertinentes de toma de decisión.
A
menudo se deja de lado problemas importantes como la evasión fiscal,
el deterioro permanente de las condiciones de trabajo ligado a
la liberalización y la precarización, la situación del sector
informal o de las trabajadoras. En fin, a menudo se ignora la
manera como la RSE y los socios pueden eludir a las instituciones
nacionales de regulación del mercado de trabajo.
2)
Las pequeñas y medianas empresas de los PED que forman parte de
la cadena de abastecimiento de las multinacionales frecuentemente
deben pagar el precio de la RSE. Las transnacionales y los consumidores
del Norte harán poco, o casi nada, para compartir los costos,
mientras que las centrales de compra siguen imponiendo condiciones
penosas a los proveedores en términos de precios y plazos de entrega.
La RSE podría reforzar la tendencia hacia la concentración del
poder de las empresas, dejando de lado a las pequeñas empresas
de las cadenas de abastecimiento y contribuyendo a concentrar
la producción en las grandes empresas que disponen de mayores
capacidades para ejecutar las iniciativas de la RSE. La RSE podría
también tener consecuencias proteccionistas al reducir el acceso
de las empresas del Sur a los mercados del Norte y aumentaría
así la ventaja competitiva de las empresas del Norte en desmedro
de las de los PED.
3)
La RSE ignora frecuentemente las causas estructurales del mal
desarrollo, tales como algunas políticas macroeconómicas, estructuras
de poder desiguales, el desequilibrio de las relaciones Norte-Sur,
así como los modelos de inversión y crecimiento económico que
tienen impacto socioambiental negativo. En fin, numerosos PED
no disponen de un contexto institucional que, asociado con una
regulación social y gubernamental, debe estar instituido para
que la RSE sea eficaz. Obligados por el reembolso del servicio
de su deuda, muchos PED son incapaces de desarrollar estas estructuras
de regulación para facilitar la RSE. Además, los sindicatos, las
ONG y la prensa de investigación a menudo son muy débiles para
desempeñar su papel.
Si
la RSE cuenta con tener una contribución significativa en el desarrollo,
sus promotores deben afrontar varios desafíos. En primer lugar,
deberán prestar más atención a la manera en que las iniciativas
voluntarias pueden integrarse mejor en los marcos de regulación
de los gobiernos y los sindicatos. En segundo término, la RSE
debería concentrarse más en las problemáticas de los países del
Sur. Para hacerlo, los actores clave deberían comenzar por responder
a cuestiones difíciles: ¿Cuáles son las contradicciones y los
problemas del desarrollo vinculados a la agenda de la RSE tal
cual está formulada actualmente? ¿Son las estrategias de inversión
de las transnacionales y sus prácticas fiscales compatibles con
los objetivos fundamentales del desarrollo? ¿Responde la estrategia
de la RSE a las necesidades del desarrollo, a las preocupaciones
y los intereses de los trabajadores, las comunidades y las empresas
en los PED?
¿Estos
actores y otros participan efectivamente en la elaboración de
la agenda de la RSE? Finalmente, ¿la RSE actúa en favor o en contra
de los procesos democráticos de regulación en los PED? Mientras
que estas cuestiones de regulación y de más amplia participación
en el proceso de elaboración de iniciativas de RSE no se aborden,
la RSE, tal y como se implementa actualmente, hará más por la
buena conciencia de los dirigentes empresariales, los consumidores
del Norte y el orden internacional del desarrollo establecido
que por los trabajadores y las comunidades de los PED.
1)
Con este término se designa al conjunto de los actores concernidos
por el desempeño de la empresa.
2) En enero de 1999, durante el Foro Económico de Davos, Kofi
Annan lanza la idea de una asociación entre las Naciones Unidas,
las ONG y los medios empresariales. Denominado Global Compact,
esta iniciativa busca, según la fórmula del Secretario General
de la ONU,"unir la fuerza de los mercados con la autoridad de
los ideales universales" y tomar en cuenta el impacto social y
medioambiental de la globalización. El Global Compact propone
la adhesión a nueve grandes principios en los campos del derecho
de la persona, el trabajo y el medio ambiente. www.unglobalcompact.org
El
Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el
Desarrollo Social - UNRISD - es una institución autónoma
de las Naciones Unidas que emprende investigaciones multidisciplinarias
sobre las dimensiones sociales de los problemas contemporáneos
del desarrollo.
www.unrisd.org
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